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 [Cuento] Futuro

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SupervilchisPrime52
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MensajeTema: [Cuento] Futuro   Sáb Oct 12, 2013 12:58 am

Nací viendo mi muerte. O eso creo. El problema es que no se en que tiempo vivo. Tengo visiones constantes sobre futuros que vendrán. El presente para mí no es más que un borrón. Es como si tuviera convulsiones excepto que, hasta donde yo sé las convulsiones normales no vienen con imágenes y sensaciones de cosas que aún no han pasado.
No sé cuántos años tengo pero una vez escuche el año en que nací. Y de vez en cuando alcanzo a oír en las noticias la fecha así que creo que tengo 23 años. Pero igual, no es como si importara. El tiempo, he aprendido, es algo tan subjetivo. Aprendí a hablar teniendo menos de un año o es lo que repite mi madre con Alzheimer cuando tiene 83 años. Supongo que de oír a tanta gente hablarme en el futuro.
Veo a mi doctor, que dice tener 40 años en mi caso, mientras me vuelve a explicar que al principio no sabían porque no reaccionaba a los estímulos de mi exterior. Que analizaron mi cerebro y si era capaz de detectarlos pero no en situaciones normales.
Ahora estoy en mi boda. Pero cada vez que llego aquí es alguien diferente y a veces nunca llega nadie. Obvio, pienso, pues ¿Quién podría amar a alguien tan desconectado de la realidad? Y entro en depresión. Una que parece durar años o ni siquiera haber empezado.
Estoy con mi doctor otra vez mucho más joven, emocionado y menos cansado. Me explica por ¿Cuántas veces ya? Que después de ver en tantas tomografías de mi cerebro reaccionar como si viviera experiencias que no estaban pasando empezó a desarrollar su teoría de la DTC o la Disociación Temporal Cerebral. Sonríe. Con una sonrisa que solo he visto 3 veces. El término lo acaba de acuñar en su investigación siendo que en el futuro es un término tan común que las ciencias médicas. Me platica como logro su doctorado y hasta un Nobel por sus estudios de mi cerebro. Está apunto de abrazarme cuando…
Ya no está ahí. Esta un desconocido. Golpeándome. No sé porque pero lo hace. Y se siente tan bien el contacto físico con otro ser humano. Cierro los ojos y veo paredes de color blanco y beige. Mientras siento la sangre caliente salir de mis labios. Pero, de repente siento el frio de la nieve quemar mi rostro.
Estoy viejo. Apenas y puedo respirar. Volteo a mí alrededor y veo una instalación gris y desolada. Me acerco a la puerta y estoy besando a una hermosa de chica de unos 17 años.
A un lado de un manzano. Me siento joven y perfecto. No se mi edad y ni me importa, pero mientras la beso recuerdo el que para mí fue mi primer beso. Una señora de 40 años con su lengua tratando de atrapar la mía. Pobre, tal vez no la debí de haber vomitado. Mi novia (¿Sera mi novia?) y yo abrimos los ojos al mismo tiempo y unos extremadamente familiares ojos azules se encuentran con los míos. Los he visto antes, quizá tras un velo blanco. Con una sonrisa que detendría terremotos, o los provocaría, la calma inunda mi ser.
Mis puños arden, mis piernas tiemblan y estoy enojado. Y mucho. Mis brazos se mueven por inercia y la persona en el piso merece morir. Lo merece. Lo merece. Lo merece. Y debo hacerlo por su bien. Lo estoy pateando cuando no hago nada más que ver la televisión y mi olfato detecta algo delicioso siendo cocinado a unos cuantos metros de mí y un curioso hedor a orina y medicina. Estoy tocando el pantalón cuando me doy cuenta que no traigo nada.
Estoy en el cuarto muy genérico y creo haber entrado aquí antes (¿O después?) junto a alguien. Estoy en un hotel, hay alguien en el baño y en los buros no hay más que una biblia y dos paquetes de condones. Me pongo nervioso y siento que me ahogo.
¡Porque realmente me estoy ahogando! El agua entra en mis pulmones y no puedo respirar. Trato de gritar y el agua cae en mi interior. Es desesperante. Pero sé que no moriré aquí.
El frio se va y el calor toma su lugar. El me quema pero se siente bien. Mi piel le da la bienvenida. Miro hacia abajo y el mar se ve hermoso. Un reconfortante color azul.
Pestañeo y desaparece. Estoy en la sala de espera de un hospital. Dicen mi nombre y mientras me levanto recuerdo la primera vez que lo escuche. Mientras me decían que mi madre había fallecido. Entro al consultorio pero no es mi doctor. Es otro ahora. Otros futuros que se sobreponen sobre si mismos para crear líneas temporales diferentes donde mis “convulsiones” pueden llevarme. Posibilidades infinitas. He estado en la guerra, he trabajado en la construcción, he vivido bajo el mar, sé que la humanidad puede acabar tan solo apretando un botón. He visto el nacer de utopías y la muerte de toda la vida. Todo causado por un conjunto de posibilidades combinadas. El Universo y el tiempo es un conjunto de posibles situaciones esperando a pasar. La primera vez que me emborrache estaba en un motel tirado en el piso viendo en las noticias que Estados Unidos había declarado la guerra a una nueva Rusia socialista. Fue la más larga de mis visiones y la que más quiero olvidar. Nunca me case ni tuve hijos, mis padres habían muerto hace años después de haberme abandonado. Era el fin del mundo ¿Qué otra opción tenía más que alcoholizarme y drogarme tanto como quisiera? Tuve miedo de que fuera el presente. Jamás una visión había durado tanto. Y me sentí como las pocas veces en las que he vivido en el presente de todos. Unos minutos o unas horas cada año o cada década. No estoy seguro.
Y estoy en el parque. Niños riendo es el soundtrack de la tarde. Escucho una voz aguda decir: “¡Papa!” y unos bracitos agarrándome la cintura. Volteo hacia abajo y la niña de ojos azules más hermosa que mis ojos hayan visto aparece ante mí.
Las lágrimas nublan mi mirada, mientras conduzco por una carretera de noche. Entro en pánico. No se conducir y acelero. Estoy a punto de chocar cuando de repente estoy en un avión en el momento de despegar. Mis oídos duelen y el suelo se ve más y más lejano. Las nubes nos cubren y no quiero volver a conducir jamás. Esta es la manera perfecta de viajar.
Me he acostumbrado tanto a mi condición que ya me siento indiferente a mi cuerpo de 80 años o mi cuerpo de 30 o incluso no tener piernas. Algo que ayuda mucho es jamás regresar al pasado, que en recuerdos de futuros que tal vez nunca lleguen. Así mientras mi cuerpo siga envejeciendo seguiré avanzando hacia adelante pero no hacia atrás. Las nubes se ven tan bien.
De repente el metal se vuelve cemento y todo empieza a temblar. Un edificio cae en pedazos mientras mis tímpanos revientan por el sonido de los suelos abriéndose. Cierro los ojos. En ninguno de mis futuros había estado en un terremoto y me siento viejo y cansado. Creo que moriré otra vez.
Abro los ojos y por primera vez en mucho mucho tiempo estoy frente al espejo. Tendré unos 35 años. Estoy en un baño público y me lavo la cara. El agua helada se siente bien. En el espejo analizo mi rostro. Tiene años que no lo veo. Tengo ojeras, unas pocas canas y una arruga empieza a surcar mi frente junto a una pata de gallo en mi ojo izquierdo. Tengo sueño, creo que no he dormido en días. Escucho murmullos. Salgo a ver qué pasa. El baño esta junto a una pequeña sala de donde provienen las voces. Entro. Hay llantos. Y un féretro. No, no otro funeral de mis padres. Ya les he perdido la cuenta. Me acerco a ver el cuerpo. ¿Qué habrá pasado ahora? Me acerco un poco más y no está mi padre ni mi madre. Es una desconocida un poco más joven que yo. La encuentro familiar. La conozco. Junto a ella esta una foto. Una hermosa foto de una joven casi perfecta con unos ojos azules que fueron, son y serán los ojos de mi vida.
No la conocí jamás. Jamás hable bien con ella. Nunca sostuve su mano. Y solo la bese una vez. Pero la ame. La ame con toda mi alma y mi corazón por ser la única posible constante en mi vida. De mil futuros aparecía en la mitad. Esos ojos de mi futuro.
Despierto. Es el presente. Estoy seguro, lo siento. Estoy en una sala junto a un tipo con un zapato en la cabeza y una señora que sigue gritando: “¡Cucu!” Me levanto y los doctores me miran. Estoy vendado y siento que me acaban de coser. Pregunto por mi cuarto y me llevan a él. Trabo la puerta, hago una cuerda con las sabanas y las amarro al abanico. Me subo a una silla y me cuelgo. Apenas y puedo respirar y esto me recuerda a las muchas veces que me he ahogado. He muerto varias veces pero sé que esta es la definitiva. Nací viendo mi muerte. Y ya está aquí.

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